sábado, 21 de marzo de 2015

Literatura infantil y juvenil censurada durante la dictadura militar argentina 1976-1983. MATERIALES VARIOS

DIFERENTES MATERIALES ACERCA DEL TEMA


1- La censura en la literatura infantil y juvenil durante la última dictadura 


Educación y memoria 
Coordinación: Sandra Raggio Escribe:Josefina Oliva
Educación y memoria
EDICION ESPECIAL

ISSN 1852-4060


FUENTE: comisionporlamemoria.org



2- Libros que muerden

literatura infantil y juvenil censurada durante la última dictadura militar argentina (1976-1983)

FUENTE: librosquemuerden-lagrieta



3- Caza de Brujas: la censura en la literatura infantil

Un repaso por algunos de los libros infantiles y juveniles prohibidos durante la última dictadura militar en nuestro país.




























“Cantamos porque el río está sonando,
y cuando el río suena, suena el río.
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino.
Cantamos porque el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo.
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos.
(…)
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.
Cantamos porque el Sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo, en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.
Canciones del desexilio, Mario Benedetti
(1983)
Así como seguimos cantando, seguimos leyendo, los nuevos libros, los “viejos”, los clásicos y hoy podemos volver a leer los libros que fueron “silenciados” durante la dictadura militar. Y si cada pregunta tiene su respuesta, en sus lecturas podemos encontrar algo de la justicia necesaria, pero sobre todo, la libertad de transitar sus letras y que las nuevas generaciones se hagan las preguntas necesarias y se formulen entonces las respuestas necesarias: justas y llenas de memoria.

PROHIBIR, QUEMAR, PERSEGUIR, DESAPARECER





























Para “preservar la moral de la niñez”, el llamado Proceso de Reorganización Nacional, prohibió, quemó y sacó de circulación libros, entre ellos muchos de literatura infantil y juvenil.
Como sostiene Graciela Bialet en su texto “La lectura: Un pasaporte de ciudadanía plena” (disponible enhttp://www.planlectura.educ.ar/listar.php?menu=3&submenu=1&tmenu=3): “Analizando los títulos prohibidos y los incinerados puede verse claramente que la preocupación de los supuestos “reorganizadores nacionales” giraba en torno a temas histórico-políticos, los educativos y los literarios. Tres bloques temáticos íntimamente intrincados con la memoria y con el futuro. “Manifiestamente tendenciosa” era la requisa y la eliminación de ideas para “distorsionar el proceso educativo” de un pueblo al que había que callar, someter y saquear”.

La política de control y censura sobre libros estaba a cargo de la Dirección General de Publicaciones. El inicio del procedimiento estaba dado por iniciativa propia de la Dirección,  por una denuncia o pedido de evaluación de un organismo oficial, por una denuncia particular o por una campaña periodística contra una publicación.

El paso siguiente era obtener el título para someterlo a un análisis ideológico-político, del cual resultaba un informe.
Esta Dirección a su vez, elaboraba listados de obras y editoriales, clasificadas según su grado de peligrosidad o de enemistad con los llamados “objetivos del proceso”.
En este contexto, muchos escritores fueron perseguidos, prohibidos, se exiliaron y otros permanecen desaparecidos.
También las editoriales fueron perseguidas, como Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y elCentro Editor de América Latina (CEAL), por mencionar sólo dos ejemplos.
En el primer caso, el 25 de marzo de 1976 el capitán de Navío Francisco Suárez Battán ingresó a la sede de la editorial y anunció que tomaba posesión de la misma.
En el caso del CEAL, fueron perseguidos sus trabajadores, intimados con bombas a la editorial y el caso emblemático fue la quema de un millón y medio de ejemplares, entre ellos la Nueva Enciclopedia del Mundo Joven, dirigida por Amanda Toubes. La quema se desarrolló en un baldío de la localidad de Sarandí y fue dispuesta mediante un acta de la policía el 26 de junio de 1980.

LITERATURA CENSURADA

Un breve repaso por algunos de los libros infantiles y juveniles que fueron prohibidos durante la última dictadura militar en nuestro país. Volver a leerlos es recordarlos, pero también es comprobar el valor y la potencia que tiene la palabra. Los dictadores lo sabían: las palabras son poderosas y entonces para ellos eran peligrosas.


* La Torre de Cubos, de Laura Devetach
Un libro que contiene muchas historias y cuentos que hablan de una nena que construye una torre de cubos que la lleva a mundos imaginarios, o una nena que dibuja en la pared de la cocina un pueblo y éste cobra vida, o de marineros de papel que quieren descubrir que es el mar, o un chico que se traga el silbido de un tren y forma un nuevo lenguaje, también un deshollinador desocupado que dibuja caminos de hollín y un monigote solitario que sale de la pared donde fue dibujado y se relaciona con un niño.
Entre todas estas historias, se encuentra también “La Planta de Bartolo”, donde Bartolo siembra una planta y al tiempo nacen cuadernos que el regala a los chicos del pueblo. Así los chicos, “escribían y aprendían con muchísimo gusto”. Pero sucedió que el vendedor de cuadernos se enojó: primero quiso comprarle la planta a Bartolo y como se negó a venderla, envío a la policía, pero en ese momento llegaron todos los chicos silbando y gritando. “Buen negocio en otra parte, gritó Bartolo secándose los ojos”.
La torre de cubos fue prohibido en la provincia de Santa Fe, el 23 de mayo de 1979, por resolución 480, donde se decía entre otras cosas: “se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes (…)centrando su temática en los aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad enfrentando grupos sociales, raciales o económicos con base completamente materialista, como también cuestionando la vida familiar (…)”.
Luego se prohibió en la provincia de Buenos Aires, Mendoza, hasta que se extendió a todo el país por decreto nacional.
El libro, al igual que tantos otros siguió circulando por otros canales: sin el nombre de la autora era incluido en antologías, o los maestros hacían copias a mimeógrafo y se los daban de leer a los alumnos.

*Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bonermann
Entre los cuentos que contiene el libro, la autora narra la historia de una huelga de animales en un circo, propuesta por el elefante, “Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo….
ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general...)”.
Fue prohibido por decreto, el 13 de octubre de 1977, junto al libro El nacimiento, los niños y el amor, de Agnés Rosenstiehl, ambos editados por Librerías Fausto y el argumento señalaba: “En ambos casos se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo (...) De su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”.
El libro de Elsa Bonermann en 1976, fue elegido para integrar la Lista de Honor del Premio Internacional “Hans Christian Andersen”, otorgado por la International Board on Books for Young People, con sede en Suiza.
Como consecuencia, la autora, hasta que terminó la dictadura, tuvo vedado el acceso a cualquier establecimiento de educación pública del país.

*La ultrabomba, de Mario Lodi y El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc. Sello Editorial Rompan Filas
En La ultratumba, Palanca, el patrón de una fábrica usa la publicidad para vender bebidas fabricadas con residuos de petróleo y en su ambición por ser más rico, le ofrece al rey crear una ultratumba. “Bien, dijo el rey, pero ¿cómo hacemos para convencer a la gente que haga la guerra por nosotros?”. Para eso, Palanca se hizo jefe de la televisión y en su noticiero todas las noches decía: “es lindo combatir y morir por mí y por el rey”. Construyó la ultrabomba, los aviones, los tanques y fusiles y se los vendió al rey por cien ultramillones.
Pero el piloto que volaba el avión y tenía que tirar la ultrabomba sobre el pueblo desobedeció y así empieza en toda la tierra una historia sin guerra.
El pueblo que no quería ser gris, cuenta la historia de un rey al que no le interesaban las personas y sólo daba órdenes. Un día ordenó que todos pintaran sus casas de gris. Todos lo hicieron menos uno, que vio una paloma roja, azul y blanca y se le ocurrió usar esos colores para pintar su casa y esa idea se fue contagiando entre los vecinos del pueblo y llegó a la comarca cercana. “Y como pueden ustedes imaginar este cuento que acá termina por otro lado vuelve a empezar”.
Prohibidos el 3 de septiembre de 1976 por el decreto N° 1888. Como señala la notificación de Encontel enviada a la editorial:
“De mi mayor consideración: me dirijo a usted a efectos de poner en su conocimiento que, por Resolución N° 437/76 SC, prohibióse la circulación por los servicios postales de la Empresa, de las publicaciones tituladas “La Ultrabomba” y “El pueblo que no quería ser gris”, editadas en la Capital Federal de conformidad con los prescripto en el artículo 1° del Decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 1888/76. Saluda a usted atentamente. Aldo Colli, Jefe de la Sección Promoción del Departamento de Correos”.

*Cinco dedos, ediciones De la Flor
Es la traducción de un libro infantil escrito en Berlín Occidental, en el que una mano verde persigue a los dedos de una mano roja, que para defenderse y vencer se une y forma un puño colorado.
El cuento fue prohibido el 8 de febrero de 1977, por medio del decreto 269 por tener “finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo”.
Los editores Daniel Divinsky y Kuki Miler fueron detenidos y estuvieron 127 días a disposición del Poder Ejecutivo. En ese entonces también fue prohibido otro libro editado por ellos, Ganarse la muerte de Griselda Gambaro.

Otros títulos prohibidos tanto infantiles como para adultos fueron: Jacinto de Graciela Cabal, Educar para la libertad de Aldo Bütting  y Dios es fiel. Catequesis para 6to. grado de la escuela primaria de Beatriz Casiello, ambos de la Editorial Católica Guadalupe, La historia siglo a siglo contada para niños, libro importado de España por Ediciones Paulinas fue retenido en aduana y no pudo ingresar al país, Niños de hoyNuestros muchachos y El amor sigue siendo niño de Álvaro Yunque editados por Plus Ultra, Los zapatos voladores de Margarita Belgrano, Dailán Kifki de María Elena Walsh, Operación Masacre, de Rodolfo Walsh,Rojo y negro de Stendhal, Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, El principito de Anthony Saint Exuperi, Cuentos premiados de Leopoldo Marechal, Gracias por el fuego de Mario Benedetti,El país de Minotauro de Mariano Castex, Humanismo socialista compilado por Erich Fromm, Mascaró, el cazador americano de Haroldo Conti, Enciclopedia Salvat-DiccionarioLa cuba electrolítica (libro de Física censurado porque contenía la palabra "cuba" en su título), los libros de Paulo Freire en todas sus ediciones, entre tantos otros.

FUENTE: planlectura


5- Un cuento prohibido: La planta de Bartolo



Los gobiernos militares en la Argentina consideraron muy importante controlar el sistema educativo. Revisaron los contenidos a enseñar, los reglamentos escolares, los libros y hasta las ideas y organizaciones de los maestros. Todo fue objeto de un minucioso análisis y censura. La literatura infantil no fue la excepción. Se propone trabajar con un cuento que fue prohibido durante la última dictadura militar para conocer algunos aspectos de la censura implementada.

Primer momento:

Lectura del cuento "La planta de Bartolo" de Laura Devetach tomado dewww.ctera.org.ar

El buen Bartolo sembró un día un cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.
Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.
Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:
-Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:
-¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!
Y los pobres chicos no sabían qué hacer.
Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:
-¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!
Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.
Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto.
Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!
-Bartolo -le dijo con falsa sonrisa atabacada-, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.
-No -dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.
-¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.
-No.
-Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.
-No.
-Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.
-No.
- ¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
-Nada. No la vendo.
-¿Por qué sos así conmigo?
-Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.
-Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.
-No.
-Pues entonces -rugió con su gran boca negra de horno-, ¡te quitaré la planta de cuadernos! -y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
-¡Sáquenle la planta de cuadernos! -ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.
Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.
Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.
-¡Buen negocio en otra parte! -gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.
El cuento "La Planta de Bartolo" incluido en el libro "La Torre de cubos" fue publicado por primera vez en el año por 1966 por Eudecor, la Editorial Universitaria de Córdoba. La edición contó con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y algunos de los cuentos que lo integraban ya habían recibido distinciones en concursos literarios. Desde su aparición hasta 1976 la obra obtuvo excelentes opiniones de la crítica especializada que fueron publicadas en diarios provinciales y nacionales (ClarínEl Diario de Mendoza y La Prensa, entre otros).

Segundo momento:

Algunas preguntas del tipo ¿Qué cuenta "La planta de Bartolo"? pueden orientar un primer intercambio de ideas y opiniones.
A continuación sería interesante que el maestro suministre algo de información sobre lo que ocurrió con el cuento durante el último gobierno militar con un comentario que estimule las preguntas de los alumnos. Por ejemplo: "Saben que hubo un tiempo en que estaba prohibido leer este cuento en las escuelas, y era riesgoso para el dueño de una librería tenerlo para vender".
Esta presentación puede permitir que los chicos formulen algunas hipótesis acerca de la censura: " ¿A quién podría molestarle esta historia? ¿Por qué? ¿Por qué alguien podía prohibirla e imponer su voluntad a todos?" " ¿Nadie la habrá leído en esos tiempos?" " ¿Qué habrán hecho quienes habían comprado el libro antes y lo tenían en la biblioteca de su casa?" " ¿Qué habrá dicho o hecho su autora, Laura Devetach?" "¿Habrá sucedido algo parecido con otros libros?"

Tercer momento:

Se ofrece una serie de fuentes de información acerca de la prohibición del cuento, su sentido y sus consecuencias. El docente puede seleccionar una o varias según organice su propuesta de trabajo.

Fuentes de información

1) El testimonio de un maestro
Siempre me gustó ser maestro de Primer Grado, bueno, en general trabajar con los más chicos. Así como también me gusta narrarles o leerles buena literatura.
Cuando comencé a trabajar como maestro ya se había producido el golpe militar y no era sencillo transitar por la vida cuando se tenían ideas muy pero muy diferentes a las de ese gobierno que, dicho sea de paso, nadie había elegido. La escuela, por supuesto, no escapaba de esta situación.
Me acuerdo que entre los maestros -en los recreos o arriba del colectivo- intercambiábamos ideas, textos para leer nosotros como adultos y para leerle a los chicos. Lógicamente no con todos los maestros; pero no por egoístas, sino porque había maestros -como otras tantas personas- que pensaban que lo que estaba pasando estaba bien, que era necesario.
Bueno, lo cierto es que yo me había enamorado de dos cuentos: "La planta de Bartolo" de Laura Devetach y "Un elefante ocupa mucho espacio" de Elsa Bornemann . Un día comenzó a correr de boca en boca, en las escuelas, en el sindicato y en algunas librerías, que había una lista de libros prohibidos. Después, con el tiempo, nos enteramos que la lista estaba escrita, que amenazaban a los autores, que se quemaban los libros. Sin embargo, mientras tanto, yo quería que mis pibes disfrutaran de esta literatura; que conocieran a Bartolo, ese pibe tan pero tan solidario.
Entonces, para no meterme en problemas, lo que hacía era escribir en un cuaderno -en el cual lo maestros teníamos que escribir lo que íbamos a enseñar día por día- nombres de otros cuentos, o cambiarle el autor o modificar el título. Había que tratar, además, que no quedara nada escrito, ni siquiera dibujos. Los que lo hacíamos -porque con el tiempo también nos enteramos que muchos compañeros hacían cosas parecidas- era intentar que eso quedara en la memoria y en el corazón de nuestros pibes. Fue la forma que muchos encontramos para no traicionar nuestros ideales y, a la vez, cuidarnos entre todos.
¡Cómo me gustaría que alguno de esos pibes que ahora son padres leyeran esto! Solamente para que sepan que a pesar del miedo nosotros manteníamos nuestros ideales. Y que gracias a poder vencer algunos miedos hoy Bartolo se encuentra vivito y coleando.
Paulino Guarido es maestro y, actualmente, es el Secretario General de la Seccional La Matanza del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires (SUTEBA). Su testimonio fue tomado de la revista La Educación en nuestras manos N° 75 (Buenos Aires, SUTEBA, marzo de 2006).
Paulino Guarido se refiere al golpe del 24 de marzo de 1976 que llevo a al poder a la Junta integrada por Jorge R. Videla, Emilio E. Massera y Orlando R. Agosti.

2) La Constitución Nacional

Constitución Nacional Argentina. Primera Parte, Capítulo PrimeroDeclaraciones, derechos y garantías

Artículo 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.
3) Decreto de prohibición

Boletín N° 142 - julio 1979 - Ministerio de Cultura y Educación

NIVEL PRIMARIO
Prohibición de una obra
Buenos Aires, 23 de mayo de 1979.
VISTO:
Que se halla en circulación la obra " La Torre de Cubos" de la autora Laura Devetach destinada a los niños, cuya lectura resulta objetable; y
CONSIDERANDO:
Que toda obra literaria para niños debe reunir las condiciones básicas del estilo;
Que en ello está comprometida no sólo la sintaxis sino fundamentalmente la respuesta a los verdaderos requerimientos de la infancia;
Que estos requerimientos reclaman respeto por un mundo de imágenes, sensaciones, fantasía, recreación, vivencias;
Que inserto en el texto debe estar comprendido el mensaje que satisfaga dicho mundo;
Que del análisis de la obra " La Torre de Cubos", se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía , carencia de estímulos espirituales y trascendentes;
Que algunos de los cuentos-narraciones incluidos en el mencionado libro, atentan directamente al hecho formativo que debe presidir todo intento de comunicación, centrando su temática en los aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo, la propiedad privada y al principio de autoridad enfrentando grupos sociales, raciales o económicos con base completamente materialista, como también cuestionando la vida familiar, distorsas (sic)y giros de mal gusto, la cual en vez de ayudar a construir, lleva a la destrucción de los valores tradicionales de nuestra cultura;
Que es deber del Ministerio de Educación y Cultura, en sus actos y decisiones, velar por la protección y formación de una clara conciencia del niño;
Que ello implica prevenir sobre el uso, como medio de formación de cualquier instrumento que atente contra el fin y objetivos de la Educación Argentina , como asimismo velar por los bienes de transmisión de la Cultura Nacional ;
Por todo ello
EL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y CULTURA RESUELVE:
1°) Prohibir el uso de la obra " La Torre de Cubos" de Laura Devetach en todos los establecimientos educacionales dependientes de este Ministerio.
2°) De forma.

4) Lo que dice la autora...

"La Torre de Cubos se prohibió primero en la provincia de Santa Fe, después siguió la provincia de Buenos Aires, Mendoza y la zona del Sur, hasta que se hizo decreto nacional. A partir de ahí la pasé bastante mal. Porque no se trataba de una cuestión de prestigio académico o de que el libro estuviera o no en las librerías. Uno tenía un Falcon verde en la puerta. Yo vivía en Córdoba y más de una vez tuve que dormir afuera. Finalmente nos vinimos con mi marido a Buenos Aires en busca de trabajo y anonimato. Durante todo ese período quise publicar y no pude."
"Maravillosamente el libro siguió circulando pero sin mi nombre: era incluido en antologías, los maestros hacían copias a mimeógrafo y se los daban para leer a los alumnos. Muchos lectores se me acercaron después y me dijeron que habían leído mis cuentos en papeles sueltos, sin saber de quién eran. Recuerdo varias Ferias del Libro en las que las maestras me acercaban esas hojas mimeografiadas para que se las firmara."
Laura Devetach
El testimonio fue tomado de la revista La Educación en nuestras manos N° 75 (Buenos Aires, SUTEBA, marzo de 2006).

6- 30 años de democracia - "Prohibido no leer"

Publicado el 12/12/2013



La TV Pública y la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) presentan el ciclo de documentales "30 Años de Democracia". Diez proyectos ganadores del Concurso Federal de Documentales para Televisión convocado con motivo del cumplimiento del trigésimo aniversario de la recuperación de nuestra democracia.

Presentamos "Prohibido no leer", un documental que relata la historia de aquellos libros infantiles prohibidos por la dictadura, que a pesar de haber sido censurados, resistieron. Gracias al compromiso y a la valentía de muchos maestros, autores y editores, 30 años después siguen luchando por los mismos ideales, ocupando un lugar de privilegio en la Literatura Argentina y sobre todo, en las mesitas de luz de una nueva generación de chicos lectores.

Casa productora: Aradna Arizabalo.
Producción: Hernán Belón.
Dirección: Nicolás Carreras


Acerca de la experiencia Libros que muerden. La colección de los libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura  
Gabriela Pesclevi

Un libro puede ser un punto de partida Hace muchos años, supongo que sería en el año 1975 o 1976, tenía por costumbre todas las tardes jugar con libros y armar una suerte de tienda en la vereda de mi casa en la que exhibíamos, con una amiga, una pequeña colección de títulos. Si bien mi memoria es de una fragilidad importante, recuerdo dos cosas especiales de ese tiempo, en primer término lo que compartía recién: los libros que se piensan como parte de un juego. Que se apilan, se acomodan, se curiosean, se muestran a un público. Los libros que salen a la calle. Que se vuelven juguetes. Que son motivo de invenciones: no se sabe qué cuentan y entonces se inventa. Se cuidan. Circulan. Entran y salen y vuelven a entrar. Los libros que –sabemos‐ guardan enigmas. Alimentan promesas, son trampolines, molinetes, espacios de libertad y pregunta, entre tantas variantes. Me apoyo en Gianni Rodari (1987):   Definir el libro como “un juguete” no significa en absoluto faltarle el respeto, sino sacarlo de la biblioteca para lanzarlo en medio de la vida, para que sea un objeto de vida, un instrumento de vida. Ni tan sólo significa fijarle unos límites. El mundo de los juguetes no tiene límites, en él se refleja y se interfiere el mundo entero de los adultos, con su realidad cambiante. Hasta figuran los tanques, por desgracia... Mucho se ha escrito sobre la importancia del juego en la formación humana. Pero quizás no creemos en aquello que escribimos y decimos, porque en la realidad cotidiana el juego y los juguetes aún son considerados como parte de lo que es superfluo y no como elementos de lo que es necesario: así se comportan, en la práctica, arquitectos y urbanistas, pero también la escuela, en la que para el juego existe la “hora de recreo”, bien diferente de la hora de “clase”, es decir de las “cosas serias”.  

[1] En segundo término, recuerdo la historia de un libro en particular, o más que la historia de ese libro, lo acontecido una de esas tardes cuando una señora que solía frecuentarnos con generosidad  ‐casi siempre nos dejaba un caramelo a su paso por los mandados‐  nos hizo un comentario singular: “Querida, ese libro está prohibido. Ese libro no puede circular. Mejor guardálo.” El libro en cuestión, Uso y abusos del Psicoanálisis 
[2], en la actualidad forma parte de la muestra que inauguramos a los treinta años del golpe cívico militar en el marco de una actividad más amplia que hicimos junto a los compañeros de La Grieta 
[3]. El libro, durante más de treinta años me acompañó como un símbolo, como un tesoro, como eso que se vuelve preciado y secreto, y que probablemente condensa mucho más de lo que yo creí en su momento. La experiencia Libros que muerden surge entonces de la necesidad y el deseo de reencontrarnos con los libros que durante muchos años sufrieron la censura. Nos pareció que este título Libros que muerden tenía algo de provocación. Queríamos provocar y decir que la literatura puede ser rabiosa; puede devorarse a sus lectores, producir sismos, generar diatribas. No pensamos desde la neutralidad. Detrás de esos libros, como de tantos otros entendemos a una literatura irreverente, que promueve diversos sentidos. Por ese entonces habíamos hecho un juego con muchos chicos de los talleres de literatura, tomando fotografías especiales con los libros y decíamos… si un libro puede morderte, nosotros podemos morder un libro y no por eso somos los tragas de la clase; roerlos y hasta masticarlos como lo hace Enrique, el increíble niño comelibros de Oliver Jeffers. La apuesta nos da un aire de antropófagos, nos conduce hacia una acción vital ligada al acto de leer, de mirar, de estar frente a un libro. Los libros que muerden sufrieron algo más que el olvido. Algo más que la acumulación del polvo. La intención fue aglutinar un material perdido, completamente disperso, en donde la construcción de los datos se fue haciendo como con un cadáver exquisito: un poco por aquí y otro poco por allí 
[4]. La idea fue compartir las lecturas, reflexionar acerca de la idea de la historia, las distintas historias que nos contaron, que fuimos viviendo, y la sed desbordante de la ficción. Intervenir en los textos, muchas veces restaurarlos, leerlos y luego ponerlos a la mano, dejarlos rodar. Compartirlos con otros fue y es la apuesta máxima; descubrir recorridos editoriales; características de una literatura que venía a ser ruptura de tradiciones más estáticas, aportar otro concepto de libro; por lo tanto: nos pusimos a pensar los libros destinados a niños y a jóvenes. Desde su origen la muestra persiguió un recorte: la colección de libros censurados en la última dictadura (‘76‐‘83) destinados para niños y jóvenes. A la que fuimos sumando títulos de los autores significativos y piezas que venían a contribuir con el concepto esencial: revisar cómo había actuado la censura en el campo de la infancia, cómo había sido pensada la infancia y la cultura durante el “proceso de reorganización nacional”. En el marco de ese contexto la censura se llevó adelante como un plan sistemático de exterminio a la Acerca de la experiencia Libros que muerden.   La colección de libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura diferencia; un proyecto de nación (“país”) construido en base al terror, a la exclusión; la inteligencia y la brutalidad más aciaga.   Hallazgos, sentidos Hacia el 2006 la muestra se componía de unos quince títulos 
[5]. Hace una semana contamos aproximadamente unos doscientos. Comparto estos ingredientes porque tienen que ver con la idea de persistencia que nos trazamos en un comienzo y cómo la muestra alcanzó un crecimiento que permite aproximarnos algunos desciframientos. Abrirnos hacia el terreno de la investigación, de las conversaciones y de la escucha orientó nuestra tarea que podríamos enmarcar dentro de una práctica educativa particular. En el que todos vamos aprendiendo; en la apuesta de cada encuentro, pero así también a posteriori, cuando marchamos a casa y seguimos la pesquisa de algún libro que resta encontrar; o cuando nos queda rebotando el parlamento de alguien que pasó. Que aportó algo. En definitiva, cada relato, ya sea de un protagonista de ese tiempo, de un lector de ese tiempo o un pequeño niño nacido después del 2000 pueden sumar sentidos. Paradojalmente uno de los sentidos que fuimos encontrando, parafraseando a Juan Villoro es que “Las verdades de la ficción construyen una segunda realidad y en ocasiones determinan las formas de representación de la cultura con mayor eficacia que los testimonios del mundo de los hechos.” 
[6]   La dimensión de la fantasía Durante los primeros años de la muestra repetíamos a voz de sonsonete que teníamos la alegría de revisar las ficciones que signaron una época y que generaron nuevos lectores. Nuevas escrituras. Nuevas formas de pensar los libros para chicos. Definitivamente estamos hablando de eso. Pero hace falta subrayar que muchos libros que integran la muestra ‐para nosotros‐ tienen un valor documental más que razones estéticas que nos conmuevan 
[7]. Sí nos conmueven, sí nos movilizan las historias que empezaron a deslizar un lenguaje atrevido, sin finales felices o más bien con finales inesperados o abiertos como la mayoría de los cuentos de La torre de cubos de la escritora Laura Devetach [8]; o la obra con aire paródico de Jacques Prevert, Cuentos para chicos traviesos; sí nos cautivan varias historias telúricas de Murillo en las que nos presenta animales y pájaros del norte argentino como “Mi amigo el hespir” o “Cinco patas” o “Renancó y los últimos huemules” o “El tigre de Santa Bárbara”; nos eclipsan y nos mantienen en estado de alerta, de exploración permanente las ilustraciones fascinantes de Ayax Barnes, que permiten tener una autonomía en la página, es decir, poder leer la imágenes sin que estas sigan la literalidad del texto o abrazar una doble página ilustrada ‐propuesta de la colección de Chiribitil‐ del CEAL. Esto último tiene que ver con la idea de un libro Acerca de la experiencia Libros que muerden.   La colección de libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura desde todos los ángulos: desde el diseño hasta el contenido en diálogos multiplicados. Marcela Carranza siguiendo la huella de los libros de Barnes y en relación a los chicos comenta: “[…] El niño es invitado continuamente a jugar, a ser partícipe de ese mundo creado por el texto y las ilustraciones. Pero también Barnes se muestra como un artista que juega y experimenta: acuarelas, collages, sellos, figuras vacías construidas por líneas de contorno o saturadas de colores y texturas; los dibujos de Barnes ofrecen gran variedad de técnicas y recursos, pero al mismo tiempo un estilo inconfundible que cualquier lector puede identificar a primera vista.” 
[9] El reino de lo posible, (emprendimientos como los del CEAL con Polidoro con la consigna “Más libros para más”, ideada por el mítico editor Boris Spivacow) o el reino de lo imposible, (El viaje de Pelusa hacia el sol.... o el hallazgo de los mismos libros perdidos) empezó a encender nuestras preguntas: ¿Hacia dónde nos orienta la muestra? ¿Qué cosas vamos aprendiendo de ella? ¿Qué constelaciones se abren? O dicho de otra forma: ¿qué imaginario queda en nosotros y en los otros? ¿Cómo dialoga la historia con la historia de la literatura? La muestra ‐Libros que muerden‐ activa una fibra vinculada a las emociones pero también al reconocimiento de referentes en el campo de la LIJ, líneas de trabajo, renovación y transformación de las formas de pensar a sus destinatarios pequeños y adultos por parte de los editores. La fantasía para estas cosas se vuelve como la respiración y siempre, como decía Rodari una vez más, es un instrumento para conocer la realidad. “Debemos rechazar esa tradicional oposición entre fantasía y realidad, en la que realidad significa lo que existe y fantasía aquello que no existe. Esa oposición no tiene sentido. ¿No existen acaso los sueños? ¿No existen los sentimientos por el hecho de no tener cuerpo? ¿De dónde sacaría la fantasía los materiales para sus construcciones si no los tomara, como de hecho hace, de los datos de la experiencia, ya que no entran en la mente más datos que los de la experiencia?” (Rodari, 1987). Las preguntas. Un modo de aproximarse a los otros Como práctica educativa no hay dudas de que la muestra es una gran generadora de preguntas. Y al ser detonante de preguntas más que de respuestas lo que habilita es el diálogo y una manera de pensarla desde una polifonía de voces. Nuestro aprendizaje se construye de modo colectivo. Alguien tiró la piedra y cayó en el estanque, pero las aguas del estanque no están fijas sino que se mueven y abren órbitas que no tienen detención. Implica montar lo demolido, ir hacia los bordes; hacia el dilema del pasado que se configura también como una pregunta. Atendemos a las resonancias de las experiencias, los visitantes hablan, le ponen palabras a la muestra. Esas palabras conforman relatos Acerca de la experiencia Libros que muerden.   La colección de libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura que aparecen atravesados en una malla singular de relaciones. Hay cosas semejantes, cosas que se repiten, cosas absolutamente singulares, y hay frescura y hay reencuentro y hay una manera de posicionarse en el presente. Para nosotros, la muestra, está atravesada de símbolos: cada palabra tachada se vuelve hacia una zona inquietante. Desde el primer momento coleccionamos los libros desconociendo aquello con lo que nos íbamos a encontrar. En la muestra se comparten algunos elementos de carácter informativo: quién fue su autor, dónde vivió, cómo se censuró la obra, pero en todos los casos nos ubicamos en el campo de las sugerencias… Y dejamos que las preguntas de los porqués se puedan contestar con respuestas fuera del blanco y del negro. Incluso lejos del aleccionamiento que cierra la discusión. En alguna oportunidad rodeamos el libro prohibido de un manto de palabras, puras palabras saliéndose de la hoja, las palabras que fueron señaladas, las que le objetaron a sus autores: alpargata, huelga, vientre, trabajo, deshollinador, cascote, libertad, entre tantas; En alguna otra ocasión pusimos una trituradora de carne, un objeto de hierro sobre la mesa y entre los libros, cayendo al suelo, papel triturado. En una de las últimas ocasiones 
[10] iniciamos la muestra con la lectura de cuatro decretos firmados por Mendez, Roman, Palacios y Harguindeguy. Un concilio algo demencial. Nosotras 
[11] en tono paródico, repitiendo la ordenanza. Sin ánimo de teatralización, pero con la convicción de que podemos incidir, a posteriori, en la discusión compartida: el lector/a, el que escucha, puede generar sus propias apreciaciones. Esto nos parece un punto de partida. La sugerencia, la indagación constante y atender a una puesta de la muestra. Poner los libros a la mano de los visitantes y no exhibirlos mediante una buena cartelería fue una elección central. Por eso, la exposición tiene un carácter personal en el que participan personas de todas las edades e intercambian y cuestionan, y en donde se toma apuntes, se hacen listas, se generan motivaciones; se aprecian las formas de tomar el libro en las manos; se escucha el silencio de la lectura y se escuchan las preguntas a contrapelo, o la espontaneidad de un chico de siete años que reclama: ¿todavía están prohibidos los libros? O la entrañable imagen: ¿quiénes hacen los libros? El punteo de todas las preguntas que fueron saliendo en el curso de estos años nos interpela y nos mantiene activos, siempre en estado de indagación, y el fervor reclama criticidad y la criticidad reclama una suerte de orden detenido y una manera de cruzar las razones con las intuiciones. Darle lugar al pensamiento intuitivo. Darle lugar a asociaciones que difícilmente aparecerían si nos centramos en una investigación de carácter más clásico o previsible. El carácter colectivo de la muestra está sujeto a oscilaciones; hace que nuestra galería sea infinita y que aquello que los Acerca de la experiencia Libros que muerden.   La colección de libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura lectores agregan o desagregan, alimentan o implosionan, nutra nuestra capacidad de asombro y/o desconcierto. En ese sentido apuntamos: “…Todavía recuerdo uno por uno, estante por estante, los más de quinientos libros que enterré en 115 entre 61 y 62 en 1975. Cuando volví a ese cementerio particular de mis viejos saberes, habían construido un chalet encima”. Mariano A. 23/7/2006. Esto aparece en el libro de notas de la muestra sin haber estado charlando con el visitante. Se trata de datos que suman y develan tradiciones, historias de vida. En la muestra se develan perfiles cuando un docente habla. Cuando calla. Existen maneras de relacionarse con el libro. De mirar el mundo. Se develan signos del pasado en el presente. Se develan ejercicios de la circulación de la voz y de la mirada. La muestra comprende al otro en situación de aprendizaje, porque todo el tiempo vamos aprendiendo. ¿Por qué un hecho tan doloroso como la clausura de un libro, puede movilizarnos de esa manera? ¿Qué ocurre cuando los libros pueden ser el puntapié de un encuentro? Cuando se presiente que detrás de un libro hay muchos otros. Acerca de la experiencia Libros que muerden.   La colección de libros infantiles y juveniles censurados en la última dictadura  
                                      
 Notas [1] Rodari, Gianni (1987) “La imaginación en  la literatura infantil”. Revista Piedra Libre, año 1, nº 2. Córdoba. Disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/12/5/rodari2.htm 
[2] Se trata de Uso y abusos del Psicoanálisis de Lawrence J Friedman (1972). 
[3] Un golpe, varios gritos, mucho silencio. Así evocamos los 30 años del golpe. Entre varias propuestas: la muestra de estampillas en la que participaron más de treinta artistas, el relato de diversos protagonistas de la Margarita Belén (Chaco), una instalación audiovisual de Libros que muerden, música y teatro. La búsqueda de libros estuvo a cargo ‐en un principio‐ de Josefina Oliva y Gabriela Pesclevi, ambas integrantes del colectivo cultural La Grieta. Con el correr del tiempo y vista la resonancia del proyecto se sumaron más compañeras que hoy forman parte de Libros animados para chicos y grandes de La Grieta. Equipo de promoción y difusión de la lectura: http://www.lagrieta.org.ar 
[4] El libro Un golpe a los libros de Hernán Invernizzi y Judith Gociol (2003) fue uno de los primeros libros sobre la censura  ‐integrado a la muestra‐ a modo de referencia teórica, fue guía y fuente de muchos de los datos que manejamos en la actualidad. Podríamos sumar unos diez libros dedicados al tema publicados en la Argentina en los últimos años.   
[5] Los primeros títulos que guardamos: El pueblo que no quería ser gris. Beatriz Doumerc y Ayax Barnes (1975). Rompan fila ediciones. Buenos Aires; La ultrabomba. Mario Lodi (1975). Rompan fila ediciones Buenos Aires. La reedición de Un elefante ocupa mucho espacio. Elsa Borneman, luego encontramos la edición censurada de ediciones Fausto; mismo caso con La torre de cubos de Laura Devetach, al tiempo encontramos la Edición de Eudecor, Córdoba, 1966; Mi amigo el pespir de José Murillo. Editorial Guadalupe; Dulce de Leche (libro de texto) de Carlos Duran y Beatríz Tornadu (1974). Editorial Estrada, Buenos Aires. Pelusa rumbo al sol de Enrique Medina (1976), ilustrada por Norma Bonet. Editorial Eskol. 
[6]  Villoro, Juan. “La historia como problema”. Disponible en: www.catedrabolano.cl     
[7]  Aquí se detalla una mínima cita de los que fuimos encontrando a posteriori: Jacinto de Graciela Cabal, colección de Chiribitil del CEAL; El nacimiento, los niños y el amor de Agnes Rosentiehl (1976). Ediciones librerías Fausto, Buenos Aires. Nuestros muchachos de Alvaro Yunque (1975). Plus Ultra. Buenos Aires. Enciclopedias con la obra de Barnes, entre varios. Y Un libro juntos (libro de texto) de Beatriz Ferro recientemente encontrado. De todas maneras hay varios que seguimos buscando y hasta el momento no aparecieron en ninguna biblioteca. Ponemos por caso Cuentos para chicos traviesos de Jacques Prevert. Buscamos la edición ilustrada por Elsa Henríquez (1973) para Ediciones Fausto, Buenos Aires. El libro Cinco dedos. Colectivo libros para niños de Berlín. Editorial de La Flor. Buenos Aires, 1975. De ambos tenemos las copias y en el caso de Prevert disponemos de una edición francesa.    Una aclaración que me parece pertinente es compartir que los espacios que recorrimos en la búsqueda se extiende desde librerías de usados, bibliotecas de toda la Argentina, bibliotecas públicas, particulares entre tantos. 
[8]Laura Devetach fue censurada por “objetivos no adecuados al hecho estético,  ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes”  Así aparece escrito en la resolución Nº 480 del Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba. 7/6/1979. 
[9]  En la revista virtual Imaginaria Nº 281 aparece un informe especial sobre Ayax Barnes preparado por la especialista. Disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/tag/n%C2%BA‐281 
[10] Uno de nuestros últimos encuentros fue en el marco de las jornadas Memoria, educación y juventud. A 35 años de la noche de los lápices, realizadas en un Instituto de Formación Docente en Balcarce, Provincia de Buenos Aires.
[11] En la actualidad el equipo lo integran: Manuel y Alejandro Negrin; Graciela Vanzan, Verónica Barbera, María Pagola, Florencia Bossie, Carolina Salvador, Kristel Best Urday, Malala Martin, Martina Dominella, Marcela López, Verónica Kovar, Débora Elescano y Gabriela Pesclevi. Bibliografía Carranza, Marcela (2010): “Ayax Barnes”. Imaginaria Nº 281, disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/tag/n%C2%BA‐281 Friedman, Lawrence J. (1972): Uso y abusos del Psicoanálisis. Barcelona, Plaza y Janes. Invernizzi, Hernán y Gociol, Judith (2003): Un golpe a los libros: represión a la cultura durante la última dictadura militar. Buenos Aires, Eudeba. Rodari, Gianni (1987): “La imaginación en    la literatura infantil”. Revista Piedra Libre, año 1, nº 2. Córdoba. Disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/12/5/rodari2.htm

 * Gabriela Pesclevi se desempeña en la actualidad como coordinadora de Talleres de literatura para chicos y adultos en la Asociación Civil La Grieta, coordina el proyecto Arte y literatura para chicos y chicas dependiente de la Subsecretaría de Desarrollo de la Provincia de Buenos Aires y participa del proyecto de trabajo de promoción de la lectura del grupo La Grieta (Libros animados para chicos y grandes), lugar desde el cual también realiza seminarios especializados en LIJ. Además,    escribe en diversos medios y es docente de la Facultad de Trabajo social en la Universidad Nacional de La Plata.    

EN: eltoldodeastier.fahce.unlp.edu.ar

8- Literatura infantil y juvenil y dictadura en Argentina




Los libros infantiles prohibidos por la dictadura militar en Argentina

Fragmentos del fascículo Un golpe a los libros (1976-1983) 

Textos extraídos, con autorización de los editores, del fascículo Un golpe a los libros (1976-1983). Buenos Aires, Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Dirección General del Libro y Promoción de la Lectura, 2001.
Agradecemos a Judith Gociol, coordinadora del equipo de trabajo que realizó el fascículo, las facilidades proporcionadas para la publicación de estos textos enImaginaria.
Lecturas aptas para todo público
Si bien las prohibiciones se instalaron en todos los frentes, hubo un espacio que el ojo del censor vigiló con firmeza: el de la literatura infantil. Los militares se sentían en la obligación moral de preservar a la niñez de aquellos libros que —a su entender— ponían en cuestión valores sagrados como la familia, la religión o la patria. Gran parte de ese control era ejercido a través de la escuela, tal como demuestran las instrucciones de la "Operación Claridad" (firmadas por el jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola), ideadas para detectar y secuestrar bibliografía marxista e identificar a los docentes que aconsejaban libros subversivos. Las indicaciones incluían:
(1) Título del texto y la editorial.
(2) Materia y curso en el cual se lo utiliza.
(3) Establecimiento educativo en el que se lo detectó.
(4) Docente que lo impuso o aconsejó.
(5) De ser posible se agregará un ejemplar del texto. Caso contrario, fotocopias de algunas páginas, en las que se evidencie su caracter subversivo.
(6) Cantidad aproximada de alumnos que lo emplean.
(7) Todo otro aspecto que se considere de interés.

Testimonios
La Torre de Cubos: Copias a mimeógrafo
Portada de "La Torre de Cubos""Del análisis de la obra La Torre de Cubos se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestinamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes", sostiene la resolución N° 480 del Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba que prohíbe la obra de Laura Devetach. Entre otros argumentos se aduce que el libro critica "la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad".
Los cuentos de la autora cordobesa hablaban de la vida cotidiana —los padres que trabajan, las familias a las que no les alcanza la plata— en una época en que la literatura infantil recién comenzaba a consolidarse. Desarrollo que la dictadura intentó encorsetar. Hasta había palabras desaconsejadas por el poder militar: calzado en lugar de alpargatas, por citar un ejemplo recordado en un ensayo por Devetach.
"La Torre de Cubos se prohibió primero en la provincia de Santa Fe, después siguió la provincia de Buenos Aires, Mendoza y la zona del Sur, hasta que se hizo decreto nacional. A partir de ahí la pasé bastante mal. Porque no se trataba de una cuestión de prestigio académico o de que el libro estuviera o no en las librerías. Uno tenía un Falcon verde en la puerta. Yo vivía en Córdoba y más de una vez tuve que dormir afuera. Finalmente nos vinimos con mi marido a Buenos Aires en busca de trabajo y anonimato. Durante todo ese período quise publicar y no pude."
"Maravillosamente el libro siguió circulando pero sin mi nombre: era incluido en antologías, los maestros hacían copias a mimeógrafo y se los daban para leer a los alumnos. Muchos lectores se me acercaron después y me dijeron que habían leído mis cuentos en papeles sueltos, sin saber de quién eran. Recuerdo varias Ferias del Libro en las que las maestras me acercaban esas hojas mimeografiadas para que se las firmara."
"Me consta que en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba muchos colegas y estudiantes hicieron denuncias con nombre y apellido nada más que para ocupar el lugar de los destituidos. Yo, además, trabajaba en un profesorado al que un colega entró como observador de mis clases. Hizo ciertas objeciones y, para concluir, sacó de la biblioteca libros de Cortázar, de Piaget, de gramática estructural y de matemática moderna."
"Tengo grabadas imágenes bastante alucinantes de los atardeceres en la ciudad de Córdoba: gente que deambulaba por las calles con paquetitos, con valijas donde llevaban los libros, cuando se iban a dormir de un lado al otro. Parecían caracoles con sus caparazones a cuestas. Así era todo, silencioso y sórdido."
Laura Devetach, escritora

Un elefante ocupa mucho espacio: Prohibidas las huelgas
Portada de "Un elefante ocupa mucho espacio"En 1976, Un elefante ocupa mucho espacio, el libro de Elsa Bornemann, (fue elegido para integrar la Lista de Honor) del Premio Internacional "Hans Christian Andersen", otorgado por International Board on Books for Young People, con sede en Suiza. Un año después era prohibido en la Argentina por relatar una huelga de animales. El decreto, fechado el 13 de octubre de 1977, incluía también a El nacimiento, los niños y el amor, de Agnés Rosenstiehl, editado —junto al de Bornemann— por Librerías Fausto.
(Señalaba el decreto militar:) "En ambos casos se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo (...) Portada de "El nacimiento"De su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone."
"A lo largo de seis meses no pude escribir. Superado ese lapso, compuse la nouvelle titulada Bilembambudín o El último mago —publicada enseguida por Editorial Fausto— y a partir de ahí continué con la escritura, contra viento y marea. Pero la prohibición afectó particularmente mi relación con la existencia. En especial, debido a la gran cantidad de personas que decían apreciarme, quererme y que se borraron por completo a causa del decreto militar. Por extensión arbitraria del mismo tuve vedado el acceso a todo establecimiento de educación pública (de cualquier lugar de la Argentina y de cualquier nivel) hasta que terminó la dictadura."
Elsa Bornemann, escritora.

La ultrabomba: Literatura sin prejuicios
Ilustración interior de "El pueblo que no quería ser gris"Poco antes del Golpe, el recién estrenado sello Rompan Filas, de Augusto Bianco, había publicado dos libros infantiles que buscaban acercarse a los chicos con adultez y sin prejuicios. En El pueblo que no quería ser gris, la gente se opone a la decisión del rey de pintar todas las casas de un mismo color y empieza a teñirlas de rojo, azul y blanco mientras que en La ultrabomba, un piloto se niega a cumplir la orden de arrojar una bomba. Ambos fueron prohibidos por el decreto N° 1888, del 3 de septiembre de 1976.
El siguiente libro de la colección fue imposible venderlo y para el cuarto les costó encontrar un lugar donde imprimirlo. Sólo aceptó una persona, a condición de que su nombre no figurara en el colofón.
"Un día venía caminando por la calle Matienzo y vi que estaban haciendo un allanamiento. Yo —de prepotente y de odio que tenía— miré fijo al militar. El tipo me mandó un soldado con un arma que me abrió el bolso y encontró tres libros. Me dijo: —Ahá, cuántos libros tenés vos, pibe. —Yo me había olvidado que los llevaba, de lo contrario no hubiera mirado fijo al militar. El soldadito se detuvo en una foto de Marx que aparecía en un catálogo y en una del Che Guevara. —Qué cosas jodidas tenés, pibe —me encaró justo cuando lo llamaron por el handy. —Esta vez zafaste, pero dejate de embromar con esas cosas jodidas —repitió. Ese era el clima que se vivía: tener un libro era peligroso."
Augusto Bianco, editor y traductor

SIC
(...) 3. NIVELES PREESCOLAR Y PRIMARIO
a. El accionar subversivo se desarrolla a través de maestros ideológicamente captados que inciden sobre las mentes de los pequeños alumnos, fomentando el desarrollo de ideas o conductas rebeldes, aptas para la acción que se desarrollará en niveles superiores.
b. La comunicación se realiza en forma directa, a través de charlas informales y mediante la lectura y comentario de cuentos tendenciosos editados para tal fin. En este sentido se ha advertido en los últimos tiempos una notoria ofensiva marxista en el área de la literatura infantil.
Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo). Ministerio de Cultura y Educación, Buenos Aires, 1977.

De la Flor: A disposición del Poder Ejecutivo
Portada de "Cinco dedos"Cinco dedos es un libro infantil -escrito en Berlín Occidental- en el que una mano verde persigue a los dedos de una roja que, paa defenderse y vencer, se une y forma un puño colorado. Publicado en la Argentina por Ediciones de la Flor, el cuento fue prohibido el 8 de febrero de 1977 —según la fecha del Boletín Oficial— por tener "finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo".
La orden de censura fue transmitida por radio y, poco después, un decreto disponía el arresto de los editores Daniel Divinsky y Kuki Miler, que estuvieron 127 días detenidos a disposición del Poder Ejecutivo. Estaban todavía en prisión cuando también fue prohibido Ganarse la muerte, de Griselda Gambaro, otro de los libros de su sello.
"Un ejemplar de Cinco dedos fue comprado por la esposa de un coronel de Neuquén, que cuando vio el libro que tenían sus hijos se horrorizó. Una de las cosas que le había molestado era que la mano derrotada fuera verde, el color del uniforme de fajina del Ejército Nacional. De ahí surgió la prohibición."
"En la Feria de Frankfurt de 1976 me encontré con Osvaldo Bayer, quien me contó que un agente de la Side –que le debía un favor- le avisó que dejara el país en 48 horas. Entre otras cosas argumentó que en la Argentina se quería subvertir a los chicos, y para ejemplificarlo le mostró un ejemplar de Cinco dedos. Bayer me dijo que tuviera cuidado y yo pensé para mis adentros que, a lo sumo, no dejarían circular el libro, pero que más de eso no iba a pasar."
"Con la restauración de la democracia presenté un recurso jerárquico ante la Justicia para que se revocara la prohibición. Lo contesta, por el Estado, el mismo abogado que había redactado el decreto de prohibición, diciendo que el libro había sido censurado en virtud del Estado de Sitio y que, como esa medida ya no regía, no hacía falta levantar la prohibición. Habían llegado al disparate, al argumentar que el Estado de Sitio autoriza también a prohibir libros, hecho que no está escrito en ningún lado."
"De los colegas editores nacionales no tuvimos ningún tipo de solidaridad. Entre los escritores había empezado a circular una carta que nadie se animó a firmar hasta que lo hizo Silvina Ocampo, insospechable de comunismo. Y entonces algunos otros firmaron. El apoyo fue del exterior, capitaneado por Rogelio García Lupo, que se instaló en la editorial y consiguió la respuesta de distintas asociaciones de editores del extranjero. Salimos del país gracias a una invitación de la Feria de Frankfurt, que si bien se hacía varios meses después, puso a nuestra disposición pasajes para que los usáramos cuando lo creyéramos conveniente. Salimos con esos pasajes y pasamos gran parte del exilio en Venezuela."
Daniel Divinsky, responsable de Ediciones de la Flor

Centro Editor de América Latina: Libros que ardieron durante días
"Más libros para más" era la consigna del Centro Editor de América Latina, Ceal, el sello fundado por Boris Spivacow que repartió cantidad y calidad a través de colecciones memorables como CapítuloHistoria del movimiento obreroBiblioteca Política ArgentinaLa historia popularCuentos del ChiribitilSiglomundoNueva Enciclopedia del Mundo Joven Transformaciones, entre centenares de entregas en fascículos o volúmenes económicos.
"El 30 de agosto de 1980 la policía bonaerense quemó en un baldío de Sarandí un millón y medio de ejemplares del sello, retirados de los depósitos por orden del juez federal de La Plata Héctor Gustavo de la Serna. Fueron llevados a la fuerza dos testigos para que presenciaran y fotografiaran la pira. El objetivo era demostrar que nadie se robaba libros. Para qué andar con rodeos: lisa y llanamente se prendía fuego.
"Boris Spivacow salvó por milagro su vida. Pero el Ceal nunca pudo reponerse de los golpes del Golpe."
"Al principio tuvimos mucho miedo; yo, cada vez que me iba para el Ceal, le decía a mi vecina de arriba que si a determinada hora no volvía se llevara a mis tres hijos a la casa de mi mamá. Pero, a la vez, nos acostumbramos a trabajar en ese contexto de terror. El escritorio donde yo me sentaba —por ejemplo— tenía un agujero, que fue dejado por el impacto de una de las bombas que tiraron a la editorial, y yo apoyaba los papeles al lado. De repente llamaban de un depósito, nos avisaban que había habido un allanamiento y que venían para la redacción. Nosotros nos preparábamos, tirábamos carpetas, escondíamos agendas en el jardín, incinerábamos papeles. Les decíamos a los vecinos que íbamos a hacer un asado y quemábamos papeles en la bañera, que quedaba negra del humo."
"También las bañeras de nuestras casas estaban negras. Yo rompí y quemé muchos libros, y fue una de las cosas de las que nunca me pude recuperar. Lo hacía y lloraba porque no quería que mis hijos me vieran, porque no quería que lo contaran en la escuela, porque no quería que supieran que su madre era capaz de romper libros... Porque sentía mucha vergüenza."
"Los libros del depósito de Sarandí ardieron durante tres días, algunos habían estado apilados y se habían humedecido, así que no prendían bien. La colección que yo dirigía, Nueva Enciclopedia del Mundo Joven (1), fue quemada íntegra. Me acuerdo de que en uno de los fascículos, de historia del feudalismo, había un príncipe que no se terminaba de quemar. El pobrecito era un príncipe medio afeminado y lleno de flores que se resistía a la hoguera."
"Simultáneamente, pasaban cosas tragicómicas. Una vez, por ejemplo, llaman de un depósito y dicen: —Viene la policía —y cortan. Y nosotros empezamos toda la movida. Al rato, vuelve a sonar el teléfono y nos avisan que en realidad era un agente que había ido a comprar un libro de Alfonsina Storni. Nosotros nos habíamos imaginado cualquier cosa, pero el pobre tipo necesitaba unos poemas para que la hija llevara a la escuela.
"Más allá de lo que ocurría, nosotros siempre organizábamos fiestas. Festejábamos las fiestas patrias con chocolate, con torta, con carpetitas, tazas, cucharitas... todo. Era nuestro modo de mantener la dignidad, a pesar de los embates."
Graciela Cabal, escritora
(1) Nota de Imaginaria (16/4/2001): Con posterioridad a la publicación de esta página, Graciela Cabal no escribió rectificando la información: "(..) Por una confusión de la persona que me entrevistó, Judith Gociol (con quien ya hablé), aparecí como directora de una publicación que formó parte de los libros quemados: Nueva Enciclopedia del Mundo Joven, del Centro Editor de América Latina. Pues no: yo era la secretaria de redacción de esa magnífica enciclopedia, y la directora era la profesora Amanda Toubes (con quien también aclaré ese tema)."
FUENTE: imaginaria

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