domingo, 23 de junio de 2013

Lectura y bibliotecas escolares. Serie Cultura Escrita. Coordinada por Inés Miret y Cristina Armendano. OEI, 2009


Lectura y bibliotecas escolares

Serie Cultura Escrita
    
Autores
Obra coordinada por Inés Miret y Cristina Armendano
Edita
OEI – Fundación Santillana
ISBN
978-84-7666-200-7
Año
2009 

Versión digital
formato PDF formato HTML

Versión impresa 
No disponible

Resumen


La sociedad de la información plantea grandes desafíos al aprendizaje de los alumnos y al papel que la lectura y la escritura desempeñan en la formación de las personas. Los libros incluidos en esta serie pretenden propiciar el debate sobre tal situación, y facilitar modelos y estrategias para que los estudiantes lleguen a ser miembros activos de la cultura escrita.
Esta publicación trata sobre el tema desde diversas perspectivas, aunque soslayando algunos contenidos comunes: la lectura como actividad humana y como signo de ciudadanía; el debate sobre la supuesta “crisis de la lectura” en los nuevos escenarios que plantean las culturas juveniles y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; el papel de la escuela en la formación de lectores; la función de mediación en los programas de formación y mantenimiento de lectores, así como la función pedagógica de la biblioteca escolar como espacio de aprendizaje.
La obra se estructura en cuatro partes. Como apertura se presentan tres miradas complementarias sobre distintos temas relacionados con la lectura y los jóvenes lectores: Luis Alberto Quevedo en “Nuevas subjetividades juveniles en la sociedad en red”, Anne Marie Chartier en “Lo que leen los jóvenes y las instituciones educativas: de la transmisión a la mediación”, y José Antonio Millán en “El lector en red”.
En segundo lugar, se incluyen varios trabajos monográficos sobre temáticas concretas como la educación literaria, la mediación de la lectura, la creación y sostenimiento de las bibliotecas escolares, reflexiones sobre los orígenes y desafíos de las políticas públicas en Iberoamérica, las bibliotecas y las redes y servicios públicos de lectura, la educación y la cultura, conveniencias y posibilidades de una policía de lectura integrada.
A continuación se presenta un informe sobre políticas públicas de lectura y bibliotecas escolares, encargado al CERLALC y elaborado por Mary Giraldo.
El libro se cierra con la exposición de tres programas con trayectoria e importante repercusión en Iberoamérica, planteados desde entornos y con objetivos diversos: el proyecto del Banco del Libro de Venezuela, el programa de Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y las campañas y programas públicos de lecturas emprendidos por el Ministerio de Educación de Argentina.

Índice


Preámbulo
Álvaro Marchesi


Introducción
Inés Miret y Cristina Armendano


En perspectiva
Nuevas subjetividades juveniles en la sociedad en red
Luis Alberto Quevedo

Lo que leen los jóvenes y las instituciones educativas: de la transmisión a la mediación
Anne Marie Chartier

El lector en red
José Antonio Millán
Temas clave
Construir la escuela como comunidad de estudio
Delia Lerner

La educación literaria
Teresa Colomer

De la mediación de la lectura o de cómo “ir más allá”
Didier Álvarez y Silvia Castrillón

Creación y sostenimiento de las bibliotecas escolares: algunas reflexiones sobre los orígenes y desafíos de las políticas públicas en Hispanoamérica
Elisa Bonilla

Reescribir la lectura = releer las bibliotecas. Redes y servicios públicos de lectura
Clara Budnik y Gonzalo Oyarzun

Educación y cultura: conveniencias y posibilidades de una política pública integrada de lectura
José Castilho
Informe de la situación actual
Políticas públicas de lectura y bibliotecas escolares
Mary Giraldo
Programas y prácticas
Entornos lectores y comunidades lectoras: una ecuación directa
María Beatriz Medina

¡Es posible! Reflexiones en torno a la biblioteca escolar
Constanza Mekis

Campañas y programas públicos de lectura
Margarita Eggers
Bibliografía
Webgrafía
Los autores

Fragmento


PreámbuloLectura y bibliotecas escolares: un objetivo estratégico para las políticas educativas y culturales
Álvaro Marchesi
Secretario general de la OEI

La sociedad de la información que se consolida y avanza de forma imparable abre grandes posibilidades de aprendizaje y de conocimiento, pero también suscita dudas y preocupaciones. Entre estas últimas, su impacto en las habilidades y los hábitos lectores de las nuevas generaciones, considerados ya nativos digitales, frente a aquellos que son aún inmigrantes digitales y que tal vez por ello mantienen el apego a la cultura escrita.
Frente a estos temores, el dato incontestable es que son los jóvenes quienes más leen y que el tiempo de lectura es menor cuanto mayor es la franja de edad estudiada, lo que contradice la afirmación tantas veces repetida de que las generaciones pasadas eran las más aficionadas a los libros y a su lectura. Pero aunque estos temores sean infundados, hay que reconocer que la sociedad de la información plantea desafíos enormes al aprendizaje de los alumnos, a la forma de mejorar sus conocimientos y al papel que la lectura ocupa en la formación de las personas: para aprender, para vivir y para ser.
Leer para aprender. La lectura facilita conocer otros mundos y otras realidades, encontrar nuevos sentidos e interpretaciones de la vida, de la cultura, de la sociedad y del mundo. La narración es una bella forma de pensamiento que ayuda a construir significados no solo de las ciencias sociales, sino también de las lógico-científicas. Leer permite explorar, descubrir, organizar los conocimientos y relacionar los diferentes esquemas mentales que actúan en muchas ocasiones alejados los unos de los otros. Un tiempo de lectura en cada una de las materias curriculares sería una buena estrategia para despertar el interés de los alumnos.
Leer para vivir. La lectura permite conocer los sentimientos y las emociones de los otros, las relaciones establecidas, la fuerza de las pasiones, los riesgos de la vida y la búsqueda de soluciones ante los conflictos existentes. Los libros abren también a otras culturas que ofrecen formas de relación, normas y valores diferentes que obligan a situar en sus justos términos las normas y los valores de cada uno. La lectura es también una fuente de conocimiento de uno mismo al contemplarse y revivirse en los personajes y en las historias narradas. Los libros son fuente inagotable de experiencias que confrontan al lector con la historia de su vida, con sus propias tensiones, frustraciones y esperanzas.
Leer para ser. La lectura no es solo un formidable ejercicio intelectual para ampliar los conocimientos y para adentrarse en las relaciones afectivas de las personas. También contribuye a enfrentar al lector con las decisiones éticas y morales, ya que le abre a diferentes formas de pensar, de vivir y de actuar, lo que exige evaluar los acontecimientos y activar, tal vez en ocasiones modificar, los propios juicios de valor. Entre todos los textos posibles, los literarios, que son expresión de la historia cultural de los pueblos, ocupan un lugar privilegiado para ayudar a todos los alumnos a recrearse con su historia y su cultura y con la historia y la cultura de los otros. El patrimonio literario de la humanidad puede ser una de las principales riquezas colectivas que sirva, adaptado a los nuevos tiempos tecnológicos, para construir la necesaria ciudadanía multicultural.
La lectura, que se sitúa perfectamente alineada con los principales objetivos de la educación, no puede ser una tarea que dependa exclusivamente de la acción escolar, por importante que esta sea. Es preciso al mismo tiempo un compromiso social con la lectura capaz de encontrar nuevos lugares que faciliten el contacto con los libros y estímulos más eficaces para reforzar la actividad lectora. El libro que el lector tiene entre sus manos presenta iniciativas sumamente valiosas en diferentes países iberoamericanos en las que, junto a los nuevos lugares para la difusión del libro, se muestran variados proyectos y campañas que aspiran a impulsar el gusto por la lectura.
Hace falta una sociedad de la información que sea lectora de su significado para avanzar hacia una sociedad del conocimiento. Y para ello, además, es preciso reforzar el papel de las escuelas con el fin de que se conviertan en comunidades de lectores. Sería enormemente positivo que las escuelas fueran comunidades de aprendizaje y de lectura, en las que profesores, padres y alumnos aprendieran y leyeran. Para ello es necesario que los profesores lean y disfruten leyendo, y que sus alumnos perciban el ejemplo de sus maestros. Es preciso también que las familias comprendan la importancia de la lectura en sus hogares y con sus hijos, pues no hay mejor antídoto contra el fracaso escolar que un tiempo diario de lectura en casa. Y que las escuelas, conscientes de la importancia del compromiso familiar, les animen, les orienten y les faciliten el acceso a los libros. Y, finalmente, es imprescindible que los alumnos lean, aquí y allá, en el colegio y en casa, como una actividad valorada y reforzada.
Desde esta perspectiva, la biblioteca escolar se constituye como uno de los motores de la comunidad de lectores. Coordinar su funcionamiento con otras bibliotecas, orientar a los diferentes públicos lectores, organizar actividades, informar de lo que merece la pena ser leído, cuidar las colecciones más atractivas para las familias, facilitar encuentros y contactos con escritores, realizar representaciones teatrales o facilitar el préstamo de libros, son otras tantas iniciativas que contribuyen a lograr los objetivos deseados. Hay que reconocer, sin embargo, que las bibliotecas reducen su impacto si los usuarios potenciales no sienten su necesidad y no valoran sus enormes posibilidades.
Desde hace años, la OEI ha sido consciente de la importancia de la lectura y de las bibliotecas para mejorar la educación de las personas y para contribuir de alguna manera a su felicidad. Por ello, en el año 2003, la OEI junto con el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) asumieron, por mandato de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, el diseño e implementación del Plan Iberoamericano de Lectura, Ilímita. Sus principales líneas de acción se orientaron hacia el desarrollo de estrategias para la preservación de la cultura y de la tradición oral, su registro y la producción de textos en las lenguas originarias de América; la mejora de los programas de formación inicial y continua de los docentes, bibliotecarios y otros mediadores de lectura y escritura; la creación y actualización de las bibliotecas escolares, y la creación de programas de lectura y escritura dirigidos a la primera infancia y a la familia.
No es extraño por ello que, cuando la OEI ha formulado en septiembre de 2008 el proyecto “Metas Educativas 2021: la educación que queremos para la generación de los Bicentenarios”, haya incluido el apoyo a la lectura y a las bibliotecas escolares como uno de los principales rasgos de la educación de calidad para los alumnos iberoamericanos. El proyecto incorpora entre sus objetivos el respaldo a la lectura y a las bibliotecas escolares, así como la creación de comunidades escolares de lectores. Para lograrlo se pretende continuar con los concursos nacionales (Viva- Leitura en Brasil o VivaLectura en Argentina) que premian las experiencias sociales y escolares de fomento de la lectura; realizar estudios sobre la situación de las bibliotecas escolares en los diferentes países; elaborar modelos de funcionamiento de las bibliotecas escolares, y apoyar iniciativas innovadoras que incorporen la lectura en las diferentes materias escolares para favorecer el aprendizaje de los alumnos.
La mejora de la calidad de la educación necesita de la lectura para continuar su progresión. Pero también es urgente una educación de mayor calidad, que llegue a un número creciente de alumnos, para conseguir más y mejores lectores.
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