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jueves, 1 de junio de 2017

El cansancio del docente, Ruth Ibáñez Ámez, 2017




Según escribo estas líneas, estoy haciendo un esfuerzo por mantener la concentración en la pantalla y luchando contra la fuerza de atracción tan bestial que el sofá de mi pequeño salón ejerce sobre mí. Me duele el cuerpo como si hubiera corrido una maratón, por más que el podómetro del móvil me diga que solo he andado diez kilómetros hoy (ocho de los cuales han sido por los pasillos de mi colegio). Estoy intentando decidir qué va a ser más beneficioso, si meterme en la cama a las nueve de la noche o irme de cervezas por ahí. La cama va ganando por goleada. No puedo con mi alma.

Y no es que hoy haya sido un día especialmente difícil...

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