domingo, 1 de septiembre de 2013

El bibliotecario profesional: cualidades y características. Aurelia Orozco. Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México



El tercer punto del programa de catalogación y clasificación I, que es la materia que imparto en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se refiere a la importancia del bibliotecario dentro de la organización y servicios de la biblioteca cualidades y requisitos que debe tener.

Un bibliotecario profesional indiscutiblemente debe poseer una sólida formación académica, dominar el aspecto técnico como la catalogación, clasificación, asignación de encabezamientos de materia, elaboración de bibliografías, dominio de las obras de consulta, etc.; los cuales deberá manejar con profesionalismo, oportunidad y criterio.,

Precisamente, a lo largo de la carrera mediante la acreditación satisfactoria de las materias que integran el Plan de Estudios, a través de las prácticas dirigidas que se tengan y de la experiencia que cada uno obtenga, es que tendrá la formación que reclama el bibliotecario profesional.

Las opiniones que voy a compartir con ustedes, son producto de las reflexiones y observaciones que en forma muy personal he realizado sobre los aspectos y actitudes que, a mi criterio, debe poseer el bibliotecario. que contribuyen a que se manifieste como un profesional pleno, que ejerza su carrera digna, eficiente y favorablemente no sólo para bien. de los usuarios, de nuestro país, sino, por qué no decirlo, para la misma profesión.

Los bibliotecarios debemos poseer una cultura general bastante buena.  Esta nos es indispensable en el proceso técnico de los materiales, para interpretar acertadamente las necesidades de información de los usuarios, para orientarlos, etc.

El buen ejercicio de la profesión reclama una profunda responsabilidad.  En esta época en la que fácilmente se justifican hechos y actos insensatos, una persona responsable y confiable es acogida por sus semejantes con respeto y cariño.

La diversidad de materiales con los que trabajamos, los diferentes tipos de usuarios que atendemos y las actividades en las que participamos, hacen necesario el conocimiento de otras lenguas, aparte de la vernácula.

El entendimiento de otros idiomas amplia el espectro de información y conocimiento que podamos adquirir, tanto de los materiales bibliográficos como de los colegas extranjeros. Esto influye directamente en nuestra formación y en la calidad de servicios que brindamos.

El poseer una buena memoria, es contar con un auxiliar valioso en todas las actividades que realizamos: proceso de los libros, en la localización de información, para recordar a un usuario confiable o a otro que no lo es, para evocar una investigación que se realizó y que nos puede servir como referencia para la que pensamos iniciar, etc.

El bibliotecario debe tener buena letra, ortografía y redacción.  Estos aspectos se empezaron a descuidar en nuestro país en la educación primaria a partir de la Reforma Educativa de 1962 y los malos resultados se están resintiendo.

En verdad resulta inconcebible que un bibliotecario tenga faltas de ortografía y peor todavía, su resistencia a consultar en el diccionario los términos en los que tenga duda, especialmente cuando redacta un documento que tiene que hacer llegar a sus superiores, compañeros o subordinados.
Una redacción confusa generalmente implica pensamientos desordenados, conceptos poco claros y definitivamente representa una limitante para el buen ejercicio profesional.

Hace tiempo leí un artículo sobre una investigación que realizaron en Estados Unidos para detectar las causas y el momento en que el bajo rendimiento escolar en dicho país empezó a acentuarse cada año. La conclusión a la que llegaron fue que el problema se inició cuando a estos aspectos también se les restó importancia.

Hace años, mucha gente concebía al bibliotecario como una persona solitaria, poco sociable, afecto a permanecer en lugares cerrados y poco frecuentados.  Nada más alejado de la verdad. los bibliotecarios debemos caracterizarnos por nuestra sociabilidad y buen trato, ya que la profesión exige que alternemos con alumnos proveedores mensajeros investigadores, obreros, directores intendentes, escritores secretarias, choferes, premios nacionales maestros, editores campesinos. niños, etc.

Por consiguiente, si queremos mantener buenas relaciones con todos, tenemos que respetarlos, ser amables y corteses, sin importarnos su nivel académico o status económico-social.

Las relaciones interpersonales se verán favorecidas si sabemos reconocer nuestros errores Y limitaciones, y disculpar y aceptar las de los demás. Recordemos que como humanos nadie está exento de cometer fallas.  Al respecto recuerdo que el Dr. Ignacio Mantecón, excelente maestro de este Colegio, decía que los únicos que no cometían errores eran los que no hacían nada.

El rencor no debe encontrar cabida en nuestros sentimientos y debemos evitar a toda costa la crítica destructiva.

Es indispensable que sepamos trabajar en grupo, para esto es esencial qué no nos domine temor alguno para aportar nuestras ideas y valorar las de los demás, que no tengamos problemas de comunicación, que sepamos obedecer y mandar; esto además de ser signo de madurez, demuestra nuestra confianza en nosotros mismos.

Es preciso que paulatinamente desarrollemos el espíritu crítico, ya que éste nos será esencial en la toma de decisiones.

Ya sea que nuestro trabajo lo realicemos, por las circunstancias, solos o en grupo, debemos imprimirle dinamismo, constancia, puntualidad, limpieza, honradez, sensibilidad, criterio, intuición, creatividad, iniciativa, flexibilidad, sin faltar nuestro sello personal.

Es común que las gentes se lamenten por lo que otros hacen o dejan de hacer: por la ineficiencia, sarta de errores, falta de criterio, colaboración, imaginación de los demás.

Creo que el bibliotecario en nuestro país tiene toda la oportunidad de vivir y participar en los cambios plena y conscientemente. Hay mucho, muchísimo por hacer todavía a corto, mediano, y largo plazo.

Participemos, contribuyamos en la medida de nuestras posibilidades.  No seamos de los que critican y no hacen nada por promover o intervenir en el cambio.

Un aspecto negativo que he observado en buen número de mexicanos y por desgracia de colegas, es el malinchismo.  Este sentimiento de inferioridad, de inseguridad, de inmadurez debe combatiese.  Aprendamos a reconocer el mérito de los colegas mexicanos, démosles su crédito profesional, aunque como personas no nos inspiren el cultivo de su amistad.

Aquí en México hay bibliotecólogos capaces, talentosos, preparados, conscientes de la realidad, dispuestos a dar por la profesión su tiempo, persona y-conocimientos.

Apoyémoslos con nuestro reconocimiento, con nuestra crítica constructiva, seamos sus aliados, ya que aunque por diferentes formas nos dirigimos a la misma meta.

Dado el trato continuo que los bibliotecarios tenemos con la gente, debemos cuidar nuestro aspecto y presentación.  La limpieza, sencillez y oportunidad en el vestir la debemos de tener presente, tanto por nosotros mismos como por consideración a nuestros semejantes.

El momento histórico que nos ha tocado vivir es sorprendente, pero al mismo tiempo arduo.  Para superar exitosamente las dificultades que la. vida y la profesión nos presentan necesitamos de gran fuerza de voluntad, de tenacidad para resolver los problemas, para superarnos como personas y . profesionales, para actualizarnos día a día, para conservar la calma aún en momentos aciagos, para no darnos por vencidos antes de tiempo, para obtener enseñanzas de los fracasos o errores.

Los bibliotecarios debemos conocer nuestra profesión para poderla amar, ya que nadie siente aprecio por lo que ignora, por lo que no conoce.

Es indispensable la vocación, ya que sin ésta poco bueno se puede hacer.  Al respecto el Dr. .Nicol expresa acertadamente(1)

“...la vocación de la vida no es el camino de una profesión, sino aquello que nos movió a elegirla; más aún lo que nos sigue moviendo para ejercerla".

Nuestra bella profesión reclama un acendrado espíritu de servicio, ser solícitos, atentos y acomedidos, primordialmente con los usuarios.  Quien carezca de esta cualidad deambula sobre camino equivocado.

Rabindranaz Tagore, el literato hindú, en un fragmento dice: “Dormí y soñé que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y descubrí que en el servicio se encuentra la alegría".
Y hablando de alegría, ¿por qué no hemos de sonreir, ver las cosas con optimismo, tener sentido del humor?  Es feliz quien en cierta forma se realiza y vive en paz.  Afortunadamente cada vez hay más bibliotecarios contentos, que nos saludan jubilosos, que se dirigen a los usuarios asumiendo una actitud cálida, servicial, jovial y risueña.

Finalmente considero que los bibliotecarios debemos adoptar siempre una actitud cien por ciento positiva, tanto en nuestros pensamientos como en todos nuestros actos.


(1) "Entrevista con el doctor Eduardo Nicol" En: Gaceta UNAM, v. 1, núm. 74 (1983) 5).


FUENTE: dgbiblio.unam

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