domingo, 26 de mayo de 2013

El duelo en la era digital. Influencia de internet y la web 2.0 en la muerte y sus rituales. Mariana Mendoza. UNC


Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información llegaron para cambiarlo todo. Ni siquiera la muerte y sus rituales no escapan a la influencia de internet y la web 2.0. Dos investigadoras de la UNC aportan sendas miradas sobre el fenómeno desde la Psicología y desde la Antropología.


Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información llegaron para cambiarlo todo. La muerte y sus rituales no escapan a la influencia de internet y la web 2.0. [23.05.2013]
Cada 6 de mayo, Paola recuerda a su madre. Le escribe, le cuenta cosas y las publica en su perfil de Facebook. Así las comparte con amigos o con quien desee leerlas, porque su madre falleció ya hace mucho tiempo. De vez en cuando, Rodolfo “pone flores” en el perfil de una amiga que murió repentinamente hace más de un año. Como ellos, muchos usuarios eligen recordar a seres queridos que ya no están, hablarles, e incluso dejarles “algo” en esta red social. Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información han llegado para cambiarlo todo. Ni siquiera la muerte y sus rituales logran escapar a la influencia que ejercen internet y la web 2.0.
Al respecto, Cristina Petit, psicóloga e investigadora de la UNC, especializada en la influencia de Internet en el comportamiento de las personas, señala que el traspaso de la vida privada a la pública es una característica del avance de la tecnología. “Facebook es una red social virtual de la cual los sujetos hicieron una apropiación a los fines de continuar la comunicación de la vida real”, señala. En este sentido, apunta que los usuarios han naturalizado diversas prácticas de acuerdo a sus intereses y a las características que le han otorgado a su perfil: circunscripto a sus familiares, amigos, o a grupos con diversos intereses que pueden ser ideológicos, políticos, religiosos, entre otros. “En ese marco, las personas han trasladado los sentimientos, los afectos y las emociones reales a esta instancia virtual”, aporta.
Para Petit, desde un punto de vista psicológico, se está ante un claro proceso de duelo en sus primeras etapas, “en el que las personas tienen la necesidad de expresar el dolor de no ver a sus seres queridos, el extrañamiento, el compartir cosas lindas, el despedirse paulatinamente y decirle todo lo que no le dijeron en vida”, concluye y agrega: “Estas actitudes y rituales de todo duelo, que han sido de instancia privada, hoy son agendados y puestos en la escena del Facebook o del Twitter”.

Ocultamiento vs. Mostración
Desde una perspectiva antropológica, Adriana Musitano –investigadora del Área de Letras del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (Ciffyh) –, encuentra ciertas similitudes entre la apropiación que los usuarios hacen de Facebook y las manifestaciones estéticas en el arte de fines del siglo XX.
Para esta investigadora, que los ritos de duelo se expongan en la red social ya sea a través de imágenes, objetos, o palabras, se relaciona con lo que ha dado en llamar “la exhibición de la muerte, pero no como exhibicionismo sino como mostración. Sería una forma del ritual tanático, para compartir el dolor con otros”.
En el transcurso de sus trabajos, en los que abordó los rituales de muerte en el arte, Musitano detectó dos fenómenos coexistentes en la sociedad moderna: por un lado la negación de la muerte, y por otro, su exhibición. El primero parece estar más ligado a personas de más de 50 años, mientras que la mostración de la muerte se da más en las generaciones jóvenes. “Intelectuales como Philippe Ariés, Edgard Morin, y Luis Vincent Thomas, hablan del proceso o fenómeno de negación de la muerte y lo sitúan en las décadas del ‘50, ‘60 y, de alguna manera, del ‘70”, señala Musitano y añade: “Pero observé que a partir de finales de los 70 los artistas comienzan a exhibir la muerte, y a partir de los ’80, también lo hacen los jóvenes, quienes comienzan a vestir remeras con calaveras o con slogans. En general esto se relaciona a los conjuntos de metálica o rock duro y con prácticas sociales que reconocen el morir”.
Para Musitano, así como esa exhibición iba mostrando maneras distintas de trabajar los rituales de muerte, “el Facebook brinda una nueva forma de realizar los rituales de despedida de las personas, amigos y familiares muertos, que adquiere matices propios según la forma en que cada uno encara su duelo”, afirma.

Una sociedad sin relato
Musitano introduce otro nivel de análisis al retomar un concepto propuesto por Néstor García Canclini y afirmar que “en el centro del debate modernidad-posmodernidad se encuentran las sociedades sin relato. Aquellas sociedades contemporáneas que, a partir de las década del ‘80, necesitan buscar y experimentar con otras formas de narración, diferentes a las tradicionales o modernas que tenían un relato con un principio, desarrollo y fin. Nuestras sociedades muchas veces se narran a sí mismas sólo a través de fragmentos”.
Se trata de modos narrativos ligados al presente, y a veces, la temporalidad se disuelve. El arte, entonces, “se pregunta cómo documentar el acontecimiento real, el dolor, y se encuentra ligado a la inminencia, aunque con dificultades para reconocerse fuera del museo, dentro de la propia vida de lo cotidiano”, señala. Y agrega: “Así como no hay un gran relato, cada uno puede construir pequeños relatos. El avance de las nuevas tecnologías permite tener un blog, ser periodista, artista, hacer un video. Hay una difuminación de los límites”.
La investigadora señala, en este sentido, que el hecho de poder ser uno mismo un artista a través de un blog, por ejemplo, habla de otros sistemas de distribución del arte, distintos a la revista especializada, el museo o la sala de exposiciones, en los que no hay que pagar ni ser autorizados por otros para estar presentes.
Trasladado a los rituales de muerte en las redes sociales, este fenómeno también estaría operando, en algunos casos, de manera similar a los obituarios de los periódicos, pero sin la necesidad de pagar una suma de dinero para poder publicarlos.
Para Musitano, quedaría pendiente el análisis sobre cómo se hace el relato del duelo cómo se da la interacción en este nuevo sistema, “porque antes este relato implicaba ir al velorio; hablar con los parientes y amigos del muerto; pagar una esquela recordatoria en el diario, lo que se repetía al año de la muerte; mandar flores al velorio o realizar visitas al cementerio. Y esas cosas son poco usuales hoy en día.”
Más allá de las redes sociales y las transformaciones que introducen a la cotidianeidad de cada persona, una cosa sigue siendo segura: es necesario evitar la negación de la muerte para poder llevar adelante un proceso de duelo saludable.
Por Mariana Mendoza | mmendoza@comunicacion.unc.edu.ar

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